La promesa imposible del régimen
Si se confirma que Ahmed Faisal fue designado asesor del régimen cubano en abril de 2026 con autorización para negociar con inversores extranjeros, estaríamos ante otro acto de teatro político de la dictadura castrista. Las promesas sobre devolución de propiedades confiscadas a cubanoamericanos son exactamente lo que el régimen necesita: una narrativa de «apertura» que atraiga dinero sin ceder un milímetro de poder.
Esta es la naturaleza del régimen comunista cubano. Desde 1959, la confiscación de propiedades ha sido un instrumento de represión política y control social documentado por Human Rights Watch, Amnistía Internacional y reportes de la ONU. No se trata de una política económica ordinaria: es robo institucionalizado como arma de la dictadura.
Décadas de confiscaciones sin reparación
El gobierno cubano ha confiscado decenas de miles de propiedades a ciudadanos cubanos y estadounidenses desde la «revolución». Estas confiscaciones no fueron actos aislados: fueron parte de la estrategia represiva del régimen para consolidar el poder totalitario, eliminar la clase media cubana y castigar a quienes se negaban a someterse ideológicamente.
La Constitución cubana vigente prohíbe la propiedad privada de tierras agrícolas y establece límites severos a la propiedad urbana. Estos no son accidentes legislativos: son pilares del sistema dictatorial. La propiedad privada es incompatible con el control totalitario que el régimen ejerce sobre cada aspecto de la vida cubana.
Ningún mecanismo legal ha permitido la devolución de propiedades confiscadas en más de 65 años. Esto no es una omisión: es intención deliberada. El régimen sabe que devolver propiedades significaría reconocer que sus confiscaciones fueron injustas, que la revolución fue un robo, que sus fundamentos legales son ilegítimos.
La operación de relaciones públicas de Díaz-Canel
La designación de este asesor refleja la desesperación económica del régimen. Cuba enfrenta una crisis de subsistencia: apagones masivos, escasez de alimentos, colapso de servicios básicos. El régimen no puede resolver estos problemas porque su sistema económico es estructuralmente fallido. Entonces recurre a lo que siempre hace: mentir.
La estrategia es clara: presentar un «rostro receptivo» a negociaciones internacionales mientras mantiene intacto el sistema de represión y control. Atraer inversión extranjera sin hacer concesiones reales. Prometer a la diáspora cubanoamericana lo que jamás entregará. Es la misma táctica que ha usado durante décadas con gobiernos y empresas de todo el mundo.
El escepticismo de la diáspora es justificado
Los cubanoamericanos que desconfían de estas promesas no son paranoicos. Son realistas. Han visto a la dictadura mentir sistemáticamente durante más de 60 años. Han visto cómo el régimen utiliza negociadores, intermediarios y asesores como herramientas de propaganda sin intención de cumplir compromisos.
La ausencia de cambios legislativos que respalden estas promesas no es un detalle técnico. Es la prueba de que se trata de pura operación de comunicación. Si el régimen estuviera genuinamente dispuesto a devolver propiedades, habría reformas constitucionales, leyes específicas, mecanismos legales. No hay nada de esto.
Lo que realmente significa esta maniobra
Esta designación es un síntoma de la debilidad del régimen, no de su apertura. Un sistema dictatorial seguro de sí mismo no necesita negociadores que prometan lo imposible. Un régimen que controla realmente a su pueblo no necesita atraer inversión extranjera con falsas promesas.
Lo que vemos es un régimen agonizante que intenta mantener su estructura represiva mientras busca desesperadamente capital para sobrevivir. Quiere el dinero de la diáspora y del capital internacional sin renunciar a nada: ni a la represión política, ni al control de la propiedad, ni al monopolio del poder.
El pueblo cubano sigue bajo una dictadura que confisca, reprime y controla. Ningún asesor, ninguna promesa de devolución de propiedades, ninguna operación de relaciones públicas cambia esa realidad fundamental. Mientras el régimen castrista permanezca en el poder, no habrá justicia para los cubanos ni para los cubanoamericanos despojados de sus bienes.
La verdadera apertura requiere fin del régimen
La única devolución de propiedades que tendrá legitimidad será la que ocurra después del colapso de la dictadura castrista. Solo un gobierno democrático, elegido libremente por el pueblo cubano, podrá reparar las injusticias cometidas por 65 años de represión y robo institucionalizado.
Hasta entonces, estas promesas son lo que siempre han sido: mentiras del régimen para mantener su poder mientras intenta sobrevivir a su propia ineficiencia. El pueblo cubano merece libertad, no negociadores. Merece justicia, no promesas vacías de una dictadura agonizante.




