Una cubana ha lanzado un mensaje directo a quienes sostienen que el pueblo ha abandonado sus reclamos frente a la crisis que golpea a la isla: "Ustedes tienen que parar". La declaración, cargada de frustración y determinación, refleja el sentimiento de miles de ciudadanos que ven cómo se intenta minimizar o desaparecer de la narrativa pública las demandas de cambio que han caracterizado la resistencia cubana en los últimos años.
La frase "se tomó la Coca Cola del olvido" es una expresión que circula en redes sociales y espacios de conversación cubana para sugerir que la población ha dejado de protestar o que sus demandas han sido olvidadas. Esta narrativa, frecuentemente promovida desde ciertos sectores, intenta crear la percepción de que la movilización social ha cesado. Sin embargo, la respuesta de esta cubana cuestiona directamente esa premisa, rechazando la idea de que el pueblo haya renunciado a sus exigencias de cambio.
El contexto en el que emerge esta declaración es crucial para entender su peso. Cuba atraviesa una de sus peores crisis económicas en décadas. Los apagones diarios afectan a la población desde hace más de dos años, con cortes de electricidad que alcanzan hasta 16 horas en algunas regiones. La escasez de alimentos, combustible y medicinas ha generado una situación humanitaria que ha obligado a miles de cubanos a buscar salidas del país. Según reportes de organizaciones internacionales, más de un millón de cubanos han emigrado en los últimos cuatro años, una cifra que refleja la magnitud de la crisis.
La represión política también forma parte del panorama que rodea estas declaraciones. Actualmente hay más de mil presos políticos en Cuba, muchos de ellos detenidos tras las protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles gritando "Patria y Vida" y exigiendo libertad. Esas manifestaciones marcaron un punto de quiebre en la historia reciente de la isla, demostrando que la población no estaba dispuesta a aceptar silenciosamente la situación. Aunque la represión posterior fue severa, con detenciones masivas y condenas de hasta 30 años de cárcel para algunos manifestantes, la chispa de la resistencia nunca se apagó completamente.
La respuesta de esta cubana debe entenderse como un rechazo a la narrativa del conformismo. Cuando dice "Ustedes tienen que parar", se refiere a quienes intentan convencer a la población de que sus demandas son inútiles, de que el cambio es imposible, de que es mejor resignarse. Esta es una táctica común de desmoralización: si logran que la gente crea que ya nadie lucha, que todos han olvidado, entonces la resistencia se debilita por sí sola. La cubana que hace esta declaración está rechazando explícitamente esa estrategia.
En el exilio cubano, particularmente en Miami donde reside la mayor concentración de cubanos fuera de la isla, estas palabras resonaron con fuerza. La diáspora ha mantenido viva la memoria de las luchas por la libertad en Cuba, organizando actos de solidaridad y presionando a nivel internacional por cambios en la política hacia el régimen. Para muchos exiliados, escuchar que sus compatriotas dentro de la isla aún mantienen viva la llama de la resistencia es un recordatorio de que la lucha continúa, aunque sea en circunstancias cada vez más difíciles.
La administración Trump, que retomó el poder en enero de 2025, ha mantenido una postura firme hacia el régimen cubano. Marco Rubio, designado Secretario de Estado, ha sido históricamente uno de los críticos más severos de la dictadura cubana. Las sanciones hacia el régimen se han intensificado, buscando presionar al gobierno de Miguel Díaz-Canel para que implemente cambios. Aunque el régimen argumenta que estas sanciones son responsables de la crisis económica, la realidad es que la mala gestión, la corrupción y la falta de libertades económicas son los verdaderos culpables del colapso que sufre la isla.
Lo que hace particularmente significativa la respuesta de esta cubana es que proviene desde dentro de la isla, donde el riesgo de represalias es real. Hablar públicamente contra la narrativa oficial, cuestionar la idea de que el pueblo ha olvidado sus demandas, es un acto de valentía en un contexto donde la libertad de expresión es limitada y donde el régimen ha demostrado estar dispuesto a encarcelar a quien se atreva a desafiar su autoridad. Cada declaración de este tipo, cada voz que se alza para rechazar el olvido impuesto, es un acto de resistencia civil.
La expresión "Coca Cola del olvido" también tiene una carga simbólica interesante. La Coca Cola, producto estadounidense que fue prohibido en Cuba durante décadas como parte de las sanciones, se ha convertido en un símbolo de lo que los cubanos no pueden acceder libremente. Que alguien use esta referencia para hablar del olvido es una forma de conectar la falta de libertades económicas con la falta de libertades políticas. Es una metáfora que encapsula la frustración de vivir en un sistema que controla no solo lo que puedes pensar y decir, sino también lo que puedes consumir.
Para entender por qué es importante esta declaración, es necesario reconocer que los regímenes autoritarios dependen del silencio y la desmobilización. Si logran convencer a la población de que la resistencia es inútil, de que todos han olvidado, entonces el control se vuelve más fácil. La respuesta de esta cubana es un recordatorio de que esa estrategia no funciona completamente, de que hay gente dispuesta a mantener viva la memoria de las demandas de libertad, incluso en las circunstancias más adversas.
La situación en Cuba seguirá siendo un punto de atención internacional. Las organizaciones de derechos humanos continúan documentando casos de represión, torturas y encarcelamientos arbitrarios. La comunidad internacional, incluyendo gobiernos y organismos multilaterales, ha expresado preocupación por la situación de los derechos humanos en la isla. Sin embargo, el cambio real solo vendrá cuando la presión interna y externa sea lo suficientemente fuerte como para obligar al régimen a ceder.
Mientras tanto, voces como la de esta cubana mantienen encendida la llama de la esperanza. Su mensaje es claro: el pueblo no ha olvidado, la resistencia continúa, y quienes intenten convencer a otros de lo contrario están cometiendo un error. En un contexto donde la represión es constante y las condiciones de vida se deterioran día a día, mantener viva la memoria de las demandas de libertad es un acto revolucionario en sí mismo. Es la forma en que los cubanos dicen, una y otra vez, que no están dispuestos a aceptar la dictadura como un destino inevitable.




