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El régimen acusa a Trump de provocar estallido con sanciones
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El régimen acusa a Trump de provocar estallido con sanciones

22 min de lectura
Redacción LevántateCuba
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La cancillería cubana responsabiliza a Washington de buscar desestabilización mediante presión económica, mientras la isla enfrenta su peor crisis energética en décadas.

La cancillería cubana acusó recientemente a Estados Unidos de intentar provocar un estallido social en la isla mediante el endurecimiento de sanciones económicas, en un discurso que refleja la estrategia del régimen para desviar responsabilidades por la crisis que atraviesa el país.

Según declaraciones del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), la administración Trump buscaría generar inestabilidad interna a través de medidas coercitivas. Esta narrativa forma parte de la respuesta oficial ante el deterioro económico que ha sumido a Cuba en apagones diarios, escasez de alimentos y combustible, y una inflación que ha erosionado el poder adquisitivo de millones de cubanos.

El argumento del régimen invierte la causalidad de la crisis. Mientras MINREX señala a Washington, la realidad en las calles cubanas muestra un colapso de servicios básicos que lleva más de dos años agravándose. Los apagones que afectan a ciudades como La Habana, Santiago de Cuba y otras provincias no son consecuencia de sanciones recientes, sino del fracaso sistemático de una economía centralizada que no ha logrado mantener ni sus propias plantas generadoras de electricidad en funcionamiento.

La estrategia comunicacional del régimen busca consolidar una narrativa de "agresión externa" que justifique restricciones internas y movilización política. Sin embargo, esta táctica ha perdido efectividad entre sectores amplios de la población cubana que experimentan directamente las consecuencias de decisiones de política económica tomadas en La Habana, no en Washington. Las protestas del 11 de julio de 2021 demostraron que los cubanos distinguen entre presión externa y responsabilidad interna del gobierno.

La acusación del MINREX llega en un momento en que la administración Trump, bajo la dirección del Secretario de Estado Marco Rubio, mantiene una postura firme hacia el régimen cubano. Las sanciones estadounidenses están dirigidas específicamente a funcionarios del gobierno y entidades estatales vinculadas a represión política, no al pueblo cubano. El régimen, sin embargo, utiliza estas medidas como justificación para mantener controles de precios, racionamiento de bienes y restricciones a la libertad económica que profundizan la escasez.

Para los cubanos dentro de la isla, el discurso oficial genera una contradicción evidente: si las sanciones son el problema, ¿por qué el régimen no permite que empresarios privados y pequeños negocios expandan la producción de alimentos y energía? La realidad es que el control estatal sobre la economía, no la presión externa, es lo que impide que Cuba genere sus propios recursos. Mientras tanto, en Miami y otras ciudades de la diáspora, la acusación del MINREX refuerza la convicción de que el régimen nunca asumirá responsabilidad por sus fracasos.

A nivel internacional, la posición cubana refleja un aislamiento creciente. Mientras países como México, Colombia y otros vecinos latinoamericanos han adoptado modelos económicos más abiertos, Cuba permanece atrapada en estructuras que datan de los años sesenta. Las sanciones de Estados Unidos son un factor, pero no el determinante. El verdadero problema es que una economía planificada centralmente, sin acceso a mercados competitivos y sin incentivos para la innovación, simplemente no puede sostener a una población moderna.

La acusación del MINREX también ignora un hecho incómodo: otros países bajo sanciones estadounidenses, como Irán y Venezuela, han logrado mantener niveles de generación eléctrica superiores a los de Cuba. La diferencia radica en la capacidad de gestión estatal y en decisiones de inversión que el régimen cubano ha postergado durante años. Mientras invierte recursos en represión política y propaganda, la infraestructura energética se desmorona.

Para el pueblo cubano, esta narrativa representa una negación sistemática de la realidad que viven cada día. Los apagones no son un arma de Trump; son el resultado de negligencia administrativa, corrupción y una ideología económica que ha demostrado ser inviable. La pregunta que el régimen evita responder es simple: si las sanciones son el problema, ¿por qué Cuba no puede producir ni siquiera lo que necesita para su supervivencia básica?

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