Mileydi Guilarte, exfuncionaria de la Casa Blanca durante la administración Obama y actualmente profesora en la Universidad Francisco de Vitoria en España, lanzó una advertencia contundente este viernes: una intervención militar en Cuba no puede descartarse bajo la actual administración estadounidense, aunque aclaró que personalmente se opone a esa opción.
"No estoy a favor de la guerra, no estoy a favor de una intervención, pero con esta administración eso no se puede descartar. Y espero que no suceda", afirmó Guilarte en entrevista con CiberCuba. Sus palabras llegan en un momento crítico: Washington había fijado un plazo de dos semanas para que el régimen de Díaz-Canel liberara a presos políticos de alto perfil como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo. El 24 de abril vencía ese ultimátum sin que La Habana cumpliera ninguna exigencia.
La exfuncionaria diagnosticó el impasse con precisión quirúrgica. "No veo cómo va a cambiar el gobierno en Cuba si no se ejerce una combinación de coerción con incentivos. Ese equilibrio es muy difícil", señaló. Sobre las negociaciones en curso, fue aún más escéptica: "No se sabe qué va a suceder ni cuáles serían los indicadores de éxito en una negociación con Cuba". Estas palabras reflejan la incertidumbre que rodea los contactos diplomáticos entre Washington y La Habana, que según Díaz-Canel se encuentran en una fase "muy preliminar".
El rol de Marco Rubio, secretario de Estado desde enero de 2025, emerge como pieza central en este tablero. Guilarte fue clara al respecto: "Rubio se ha apartado un poco del foco mediático, pero no creo que sea para retirarse. Ya está dentro y sabe la responsabilidad que tiene. Es tarde para echarse atrás. Él sabía lo que implicaba el cargo y debe asumirlo hasta el final". Desde Washington, Rubio ha insistido públicamente en que debe "llegar hasta la línea final" con Cuba, señal de que la administración Trump mantiene una postura inflexible.
El régimen cubano ha rechazado categóricamente cualquier exigencia que implique cambios políticos como condición para negociar. Las autoridades en La Habana argumentan que "los presos políticos no están sobre la mesa de negociación" y que Díaz-Canel ha dejado claro que no hay diálogo si Estados Unidos exige transformaciones internas. Esta posición ha generado un callejón sin salida diplomático que preocupa a analistas como Guilarte.
La cifra de encarcelados por motivos políticos en Cuba oscila entre 774 y 775 personas, según organizaciones de derechos humanos. A pesar de un indulto masivo reciente, ningún preso político fue liberado, lo que refleja el endurecimiento represivo del régimen. Otero Alcántara y Osorbo, dos de los rostros más visibles de la disidencia cubana desde las protestas del 11 de julio de 2021, permanecen bajo custodia en condiciones que organizaciones internacionales han calificado como alarmantes.
Para los cubanos dentro de la isla, las palabras de Guilarte representan una escalada retórica que intensifica la incertidumbre. En Miami y otras ciudades de la diáspora, la posibilidad de una intervención militar genera reacciones encontradas: algunos ven en ello una oportunidad de cambio político, mientras otros temen una repetición de conflictos históricos. La comunidad cubanoamericana, que ha presionado a la administración Trump por una línea dura contra el régimen, observa atentamente cómo evolucionan estas negociaciones fallidas.
A nivel internacional, las declaraciones de Guilarte subrayan la volatilidad de la política estadounidense hacia Cuba bajo Trump. A diferencia de la administración Biden, que mantuvo canales diplomáticos abiertos, la actual Casa Blanca ha optado por una estrategia de máxima presión combinada con ultimátums. La amenaza implícita de una acción militar, aunque no confirmada oficialmente por Washington, marca un punto de inflexión en las relaciones bilaterales.
Lo que queda en el aire es si el régimen cubano interpretará esta advertencia como un farol diplomático o como una amenaza genuina. La historia de las relaciones Cuba-Estados Unidos está plagada de momentos en que la retórica militar precedió a acciones concretas, desde la invasión de Bahía de Cochinos en 1961 hasta la crisis de los misiles en 1962. Guilarte, con su experiencia en la Casa Blanca, sabe que bajo Trump los cálculos políticos son impredecibles. La pregunta que flota sobre La Habana es si Díaz-Canel está dispuesto a arriesgar la estabilidad de la isla en una partida de póker diplomático donde Washington parece dispuesto a subir las apuestas.




