Una amenaza que expone la debilidad del régimen
Según reportes de autoridades agrícolas estadounidenses, el gusano barrenador continúa su avance por Florida con capacidad destructiva en cultivos de importancia económica. Si esta plaga se propaga hacia Cuba, enfrentaría un régimen completamente desarmado para contenerla.
Pero la verdadera crisis no es la plaga. Es que el régimen castrista ha dejado a Cuba en un estado de vulnerabilidad agrícola tan extremo que cualquier amenaza fitosanitaria se convierte en catástrofe humanitaria.
Décadas de promesas rotas y realidad devastadora
La dictadura cubana ha gobernado durante más de 60 años con promesas de autosuficiencia alimentaria y prosperidad agrícola. La realidad es el colapso total. Cuba depende hoy de importaciones masivas para alimentar a su población, un fracaso monumental de un régimen que controló cada aspecto de la economía.
La industria azucarera, que fue la base de la economía cubana, ha declinado dramáticamente bajo la gestión castrista. No por fuerzas externas inevitables, sino por ineficiencia sistemática, corrupción y prioridades políticas distorsionadas que priorizaron el control ideológico sobre la productividad.
Hoy, cultivos de subsistencia y comerciales luchan por sobrevivir en una isla donde faltan combustible, fertilizantes y tecnología básica. El régimen sigue prometiendo aumentar la producción nacional. Nadie cree.
Infraestructura destruida: el legado de la represión económica
La falta de recursos en el sistema de vigilancia fitosanitaria cubano no es accidental. Es consecuencia directa de un régimen que invierte en represión política, no en bienestar. Mientras el Estado gasta en seguridad interna para controlar a su propio pueblo, los agricultores cubanos trabajan con herramientas del siglo pasado.
La proximidad geográfica entre Florida y Cuba --apenas 90 millas-- amplifica el riesgo. Pero Cuba no puede defenderse porque su infraestructura agrícola está en ruinas, deliberadamente abandonada por un gobierno que prefiere importar alimentos (cuando puede pagarlos) a invertir en su propia gente.
Seguridad alimentaria como arma de control
La precariedad alimentaria en Cuba no es un accidente de la historia. Es una herramienta de control. Un pueblo hambriento es un pueblo menos capaz de resistir, menos capaz de organizarse, menos capaz de exigir libertad.
El régimen mantiene a Cuba dependiente de importaciones, vulnerable a cualquier crisis, incapaz de alimentarse a sí mismo. Esto no es negligencia. Es diseño político.
Lo que el régimen no dirá
Cuando (no si) una plaga agrícola golpee a Cuba, el régimen culpará al embargo estadounidense, a las fuerzas externas, a cualquiera menos a sí mismo. Dirá que es víctima de una conspiración internacional.
La verdad es más simple y más condenatoria: un régimen totalitario que ha tenido control absoluto sobre Cuba durante décadas ha fracasado en su responsabilidad más básica: alimentar a su pueblo. Ha elegido represión sobre producción, ideología sobre eficiencia, control sobre prosperidad.
Cuba merece un futuro donde su agricultura prospere, donde sus agricultores trabajen con dignidad y recursos, donde la seguridad alimentaria sea un derecho, no un arma de control político. Ese futuro no llegará mientras el régimen castrista permanezca en el poder.




