El gobierno cubano ha comenzado a calificar como “terrorismo” cualquier forma de rebelión civil o protesta contra el Partido Comunista. La narrativa oficial presenta estas acciones como amenazas directas contra el Estado.
Sin embargo, historiadores y analistas recuerdan que durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista en la década de 1950, el movimiento revolucionario que posteriormente tomó el poder utilizó bombas, sabotajes y asesinatos selectivos como parte de su estrategia de desestabilización.
Determinar el número exacto de civiles muertos provocados directamente por las células del Movimiento 26 de Julio resulta difícil. La mayoría de las investigaciones históricas agrupan las víctimas totales del conflicto entre 1.000 y 4.000 muertos, incluyendo soldados, rebeldes y civiles atrapados en el fuego cruzado o víctimas de la represión del régimen de Batista.
Bombas y sabotaje en las ciudades
La insurgencia revolucionaria no se limitó a la guerrilla en la Sierra Maestra. También existió una red clandestina urbana que ejecutó acciones destinadas a paralizar el país y provocar la caída del gobierno.
Entre las tácticas utilizadas se encontraban la colocación de bombas en cines, tiendas, centros nocturnos y oficinas gubernamentales, ataques contra infraestructura eléctrica y telefónica, así como sabotajes económicos dirigidos a la industria azucarera.
Uno de los episodios más conocidos fue la llamada “Noche de las 100 Bombas”, ocurrida el 8 de noviembre de 1957, cuando estallaron decenas de artefactos explosivos en La Habana en una operación coordinada por células del movimiento clandestino.
Sabotaje económico y ataques a infraestructura
Las acciones insurgentes también incluyeron incendios en campos de caña de azúcar, destrucción de centrales azucareros y ataques a refinerías de petróleo con el objetivo de afectar la economía del gobierno de Batista.
Asimismo, se realizaron voladuras de puentes, cortes de líneas telefónicas y sabotajes contra transformadores eléctricos que dejaron a varias ciudades temporalmente sin energía.
Asesinatos selectivos y secuestros
Otra táctica utilizada durante el conflicto fue el llamado “ajusticiamiento” de policías, informantes del régimen y funcionarios del gobierno de Batista. Estas ejecuciones se realizaban en plena vía pública como parte de la estrategia de intimidación política.
También se llevaron a cabo secuestros con fines propagandísticos. Uno de los más conocidos fue el del piloto argentino de Fórmula 1 Juan Manuel Fangio en 1958, realizado para atraer atención internacional sobre la lucha contra Batista.
Un conflicto marcado por la violencia
La violencia durante los años finales del gobierno de Batista fue bidireccional. Mientras los grupos insurgentes realizaban sabotajes y ataques armados, el régimen respondió con una represión severa que incluyó torturas, ejecuciones extrajudiciales y persecución política.
Este ciclo de violencia dejó miles de víctimas y terminó con la caída del gobierno de Batista en 1959, cuando el movimiento revolucionario liderado por Fidel Castro tomó el poder en Cuba.
Décadas después, el uso del término “terrorismo” por parte del Estado cubano para describir actos de rebelión civil ha reabierto el debate histórico sobre las tácticas utilizadas durante la propia revolución que dio origen al actual sistema político de la isla.




