Residentes de Matanzas denuncian que las reparaciones de infraestructura eléctrica en sus comunidades solo se realizan después de que los problemas son publicados en medios digitales, reflejando un patrón de negligencia en el mantenimiento preventivo que afecta a miles de cubanos.
Según reportes de ciudadanos, un poste eléctrico en la provincia presentaba daños visibles que no fueron atendidos durante semanas, pese a las solicitudes reiteradas a las autoridades locales. Solo después de que el caso fue documentado y compartido en plataformas de comunicación digital, las cuadrillas de reparación se movilizaron para intervenir. Este ciclo de inacción seguida de acción reactiva refleja cómo funciona la respuesta institucional en Cuba: esperar a que el problema se haga público antes de actuar.
Lo que más preocupa a los afectados no es solo la demora, sino la calidad de las reparaciones realizadas. Residentes reportan que los trabajos ejecutados son "chapuceros", término que utilizan para describir intervenciones superficiales que no resuelven el problema de fondo. En lugar de reemplazar componentes dañados o realizar mantenimiento integral, las cuadrillas aplican soluciones temporales que vuelven a fallar en cuestión de días o semanas, perpetuando el ciclo de apagones y cortes de servicio que caracteriza la crisis energética cubana.
Este patrón no es aislado en Matanzas. Desde hace más de dos años, la provincia enfrenta una crisis de infraestructura eléctrica que se ha agravado por la falta de inversión en mantenimiento preventivo y la ausencia de repuestos. Las autoridades han priorizado respuestas mediáticas sobre soluciones estructurales, lo que explica por qué los trabajos de reparación se concentran en casos que generan visibilidad pública. La estrategia parece diseñada para controlar la narrativa antes que para resolver los problemas reales.
Para los matanceros, la situación ilustra una realidad más amplia: el régimen responde a la presión pública, no a las necesidades ciudadanas. Cuando un problema permanece invisible, es ignorado. Cuando se hace visible, recibe atención cosmética. Esta dinámica ha generado frustración entre residentes que ven cómo sus solicitudes formales son desatendidas mientras que la publicidad mediática logra lo que la gestión administrativa no puede. Algunos han comenzado a documentar y compartir sus problemas específicamente para forzar intervenciones, convirtiendo a los medios digitales en el único canal efectivo de comunicación con las autoridades.
La crisis de infraestructura eléctrica en Cuba no es un problema técnico aislado, sino síntoma de un colapso administrativo más profundo. La incapacidad de mantener sistemas básicos de forma preventiva, combinada con la dependencia de respuestas reactivas y mediáticas, revela cómo funciona la gobernanza en la isla: no como servicio a la ciudadanía, sino como gestión de crisis de imagen. Mientras tanto, los cubanos siguen viviendo con servicios deficientes que solo mejoran cuando alguien está mirando.
La pregunta que permanece sin respuesta es si las autoridades alguna vez abordarán el mantenimiento preventivo como política de Estado, o si continuarán esperando a que cada problema se haga viral en redes digitales antes de actuar. Por ahora, en Matanzas, la realidad es clara: solo cuando sale en los medios, vienen.




