McLaren decidió recurrir a uno de los símbolos culturales más arraigados en Cuba para construir su estrategia de promoción del Gran Premio de Miami: el dominó. La escudería británica de Fórmula 1 lanzó una cuenta regresiva hacia la carrera utilizando las fichas del juego tradicional cubano, un gesto que conecta directamente con la identidad cultural de la isla y su diáspora en Florida.
La iniciativa de McLaren refleja una tendencia creciente en el deporte motorizado de buscar conexiones culturales locales para amplificar el alcance de eventos globales. El dominó, más que un simple pasatiempo en Cuba, representa generaciones de tradición familiar, encuentros en plazas públicas y una forma de vida que trasciende fronteras. Que una de las escuderías más prestigiosas del mundo lo haya elegido como vehículo comunicacional no es casual: apunta directamente al público cubano y cubanoamericano que sigue la Fórmula 1 desde Miami y más allá.
El Gran Premio de Miami se ha consolidado como uno de los eventos deportivos más importantes en el calendario de la Fórmula 1, atrayendo a aficionados de toda América Latina y el Caribe. La presencia de una carrera de esta magnitud en Florida, a apenas 90 millas de Cuba, genera una carga simbólica particular para la comunidad cubana. McLaren parece haber entendido que el dominó funciona como un puente emocional, un recordatorio de identidad que resuena especialmente en quienes tienen vínculos con la isla.
Esta estrategia de marketing también ilustra cómo la cultura cubana permea espacios inesperados del entretenimiento global. El dominó no es simplemente un juego; en el contexto cubano representa resistencia, continuidad y la capacidad de mantener tradiciones vivas incluso en circunstancias adversas. Que una marca internacional lo utilice como herramienta promocional sugiere que esa carga cultural ha trascendido las fronteras de la isla y se ha convertido en un activo reconocible a nivel mundial.
Para los cubanos dentro de la isla, donde la crisis energética ha limitado severamente las opciones de entretenimiento y donde los apagones diarios han hecho que juegos como el dominó recuperen protagonismo como forma de socialización, esta campaña representa una validación inesperada de su patrimonio. Para la diáspora cubana en Miami y otras ciudades estadounidenses, funciona como un recordatorio de pertenencia, una forma de ver sus raíces reflejadas en un evento de alcance internacional.
La iniciativa de McLaren también se inscribe en un contexto más amplio de cómo las marcas globales navegan la identidad cultural en momentos de polarización política. Miami, como epicentro del exilio cubano y sede de eventos deportivos de primer nivel, se ha convertido en un espacio donde la cultura cubana y los intereses comerciales internacionales convergen constantemente. Utilizar el dominó como elemento promocional es, en cierto sentido, reconocer esa realidad sin necesidad de hacer declaraciones políticas explícitas.
Lo que McLaren ha hecho es recordar que la cultura cubana, a pesar de los años de aislamiento y crisis, sigue siendo un referente global. El dominó, jugado en cafeterías de La Habana bajo apagones, en parques de Miami entre exiliados, y ahora promocionado por una escudería de Fórmula 1, demuestra que algunos símbolos trascienden las divisiones políticas y geográficas. La cuenta regresiva de McLaren hacia Miami no es solo sobre una carrera de autos; es un recordatorio de que Cuba, incluso en su ausencia física del evento, permanece presente en la narrativa cultural que rodea el Gran Premio.




