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O&D convierte el apagón en denuncia musical
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O&D convierte el apagón en denuncia musical

24 min de lectura
Redacción LevántateCuba
ApagonesMúsica cubanaDenuncia socialCrisis eléctrica
La nueva canción del dúo O&D usa la sátira y los ritmos tradicionales cubanos para retratar una crisis eléctrica que se ha vuelto parte de la rutina nacional. El tema apunta al costo social de los apagones y a la normalización de una emergencia que el régimen no ha resuelto.

El dúo O&D ha puesto en palabras y ritmo una de las mayores frustraciones cotidianas en Cuba: los apagones. Con la canción Apagón, los artistas recurren a la sátira y a sonoridades tradicionales cubanas para describir una realidad que, según su planteamiento, no debería asumirse como normal. La pieza se suma a una larga lista de expresiones culturales que nacen de la escasez, la improvisación y el cansancio social frente a un sistema incapaz de ofrecer soluciones estables.

La canción destaca por el modo en que mezcla humor, crítica y referencias populares para hablar de una crisis que atraviesa todos los ámbitos de la vida en la isla. Lejos de tratarse de una simple queja musical, Apagón funciona como un retrato del malestar acumulado por millones de cubanos que viven con interrupciones eléctricas frecuentes, incertidumbre diaria y una planificación familiar cada vez más condicionada por la disponibilidad de corriente.

En Cuba, el problema eléctrico no es nuevo. Durante años, el régimen ha intentado presentar la crisis energética como un fenómeno temporal, asociado a reparaciones, mantenimientos o contingencias puntuales. Sin embargo, la persistencia de los cortes y la extensión de sus efectos sobre la economía, los servicios y la vida doméstica han dejado en evidencia un deterioro estructural del sistema. La falta de inversión, la dependencia de una infraestructura envejecida y la incapacidad de ejecutar cambios de fondo han profundizado un escenario que se repite con distintos matices, pero con el mismo resultado: apagones prolongados y una población cada vez más agotada.

La propuesta de O&D tiene relevancia porque rompe con el tono oficialista que suele acompañar cualquier referencia a los problemas del sector eléctrico. Mientras la narrativa del poder insiste en hablar de dificultades objetivas y de supuestas soluciones en curso, la realidad cotidiana de los cubanos sigue marcada por la inestabilidad. En ese contraste, la canción adquiere una fuerza particular, ya que devuelve al centro de la discusión la experiencia real de quienes pasan horas sin luz, sin refrigeración, sin bombeo de agua y, en muchos casos, sin posibilidades de estudiar, trabajar o descansar con normalidad.

El uso de la sátira también resulta significativo. En contextos de crisis prolongada, el humor se convierte muchas veces en una herramienta de resistencia social. La música cubana ha recurrido en múltiples momentos a esa vía para expresar lo que no siempre puede decirse de manera frontal. Desde la canción tradicional hasta el son y la trova, el arte ha servido para codificar el desencanto, la ironía y la protesta. O&D se insertan en esa tradición al convertir el apagón en una metáfora del deterioro general del país.

La crisis eléctrica tiene además un impacto directo sobre otros problemas que golpean a la población. Cuando falla la energía, se agravan la conservación de alimentos, la distribución de agua, el transporte y la atención en centros de salud. También se amplifica el malestar en hogares donde las familias deben reorganizar la jornada completa alrededor de una avería que no depende de ellas. Para muchos cubanos, el apagón dejó de ser un evento excepcional y pasó a ser una constante que define horarios, limita ingresos y altera la convivencia.

La respuesta del régimen ante esta realidad ha estado marcada por el mismo patrón de siempre: discursos, justificaciones y promesas de recuperación que rara vez se traducen en mejoras sostenidas. Mientras tanto, la población continúa enfrentando un sistema eléctrico frágil, incapaz de sostener la demanda interna y sometido a apagones que, en algunos territorios, se extienden durante buena parte del día. Ese contexto explica por qué una canción como Apagón puede resonar más allá del terreno artístico y convertirse en una forma de testimonio social.

También hay un componente simbólico en el hecho de que la denuncia salga desde la música popular. En un país donde los canales institucionales para expresar inconformidad están estrechamente vigilados, la cultura sigue siendo uno de los pocos espacios donde la crítica encuentra cierta amplitud. Por eso una obra así no solo habla de electricidad: habla de desgaste, de silencio impuesto, de la normalización de la precariedad y de una sociedad que ha aprendido a sobrevivir entre interrupciones.

Apagón no resuelve la crisis eléctrica, pero sí la expone con claridad. Y en un país donde el poder intenta maquillar el colapso con consignas y explicaciones parciales, ponerle ritmo al cansancio colectivo ya es una forma de denuncia. La canción de O&D recuerda que el problema no es solo la falta de luz, sino la incapacidad del régimen para ofrecer una salida real a una de las crisis más persistentes de la Cuba actual.

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