En un reciente video publicado en redes sociales, Amanda Beatriz Andrés Navarro, del canal Out of the Box Cuba, plantea una reflexión que ha generado intenso debate: la posibilidad de que parte de la sociedad cubana sufra lo que denomina “síndrome de Estocolmo político”.
Este concepto hace referencia a un fenómeno psicológico en el que las víctimas de abuso prolongado desarrollan una forma de vínculo o empatía hacia su agresor. El término original “síndrome de Estocolmo” fue acuñado tras un secuestro ocurrido en 1973 en Suecia, donde algunos rehenes terminaron defendiendo a sus captores.
Según Andrés Navarro, algo similar podría estar ocurriendo en contextos de control prolongado.
“Parte del pueblo cubano sufre del síndrome de Estocolmo. Esa es la única explicación que encuentro para entender a quien termina alabando al mismo sistema que lo oprime”.
La autora sostiene que este comportamiento no necesariamente surge de convicciones ideológicas profundas, sino de décadas de miedo, dependencia económica y control social.
Cuando una población vive bajo presión constante, explica, la mente puede desarrollar mecanismos de adaptación psicológica para reducir el sufrimiento y la incertidumbre.
El concepto de “daño antropológico”
La reflexión también conecta con una idea planteada por el intelectual cubano Dagoberto Valdés, quien ha descrito el llamado “daño antropológico” provocado por los sistemas totalitarios.
Este concepto se refiere al deterioro de la personalidad y la autonomía individual cuando una sociedad vive durante largos períodos bajo control político absoluto.
Entre sus efectos se incluyen:
- miedo a expresar opiniones
- dependencia del Estado
- pérdida de iniciativa cívica
- normalización del control social
En Cuba, este sistema de control incluye mecanismos como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), creados en 1961, que funcionan como redes de vigilancia comunitaria.
Entre el miedo y el despertar social
Sin embargo, el apoyo al sistema no es universal.
Desde 2021, más de un millón de cubanos han emigrado, en lo que muchos analistas consideran uno de los mayores éxodos en la historia reciente del país.
Además, las protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles de ciudadanos salieron a las calles al grito de “Patria y Vida” y “No tenemos miedo”, demostraron que una parte importante de la sociedad está dispuesta a desafiar el control político.
La represión posterior dejó centenares de condenados y cientos de presos políticos, según organizaciones de derechos humanos.
Aun así, el debate continúa creciendo dentro y fuera de la isla.
La pregunta que muchos se hacen hoy es:
¿Se trata realmente de un fenómeno psicológico colectivo o simplemente de supervivencia en un sistema donde disentir puede tener consecuencias graves?




