En un informe divulgado tras el Pleno Extraordinario del Comité Provincial del Partido, el régimen cubano admitió el deterioro severo de la vida en La Habana. Este reconocimiento inusual destaca que los servicios básicos, la vivienda y la infraestructura de la capital se encuentran en niveles críticos. Según el documento, el transporte público apenas cubre el 42% de los planes previstos, mientras que la construcción de viviendas ha caído al 41% y la producción física general se ha reducido a la mitad.
La mortalidad infantil, un indicador que históricamente ha sido manipulado, alcanzó 14 por cada mil nacidos vivos, marcando la tasa más alta del país. El texto, firmado por el periodista oficialista René Tamayo León, pretendía mostrar los esfuerzos del Partido ante el “cerco imperial”, pero terminó revelando el colapso urbano y económico que sufre la capital.
El informe también reconoció que, a pesar de las campañas institucionales, no se avanzó en la recogida de escombros ni en la poda de árboles, y que el abasto de agua estuvo afectado entre un 3% y un 20% durante el año. Esta situación ha llevado a que barrios enteros carezcan de transporte, mientras que las calles se convierten en vertederos y las familias pasan días sin agua corriente.
La crisis se agrava con la falta de combustible, lo que ha llevado a un aumento en la acumulación de basura en las calles. Vecinos de áreas como Cerro y Centro Habana han denunciado la proliferación de plagas y malos olores, mientras que los apagones masivos superan las 18 horas en algunos municipios. La Unión Eléctrica ha confirmado un déficit eléctrico de más de 2,000 megavatios.
El deterioro también ha afectado al turismo, con choferes de autos clásicos reportando una caída en los ingresos y un descenso en el número de visitantes. Figuras públicas, como el humorista Ulises Toirac, han criticado abiertamente la gestión del gobierno, señalando que la situación es insostenible para la población. A pesar de las afirmaciones del régimen sobre un superávit en la provincia, economistas han calificado estas declaraciones como “ficción contable”, que no reflejan la realidad del colapso de la producción y el empobrecimiento masivo de la población.
La Habana, que alguna vez fue un símbolo del proyecto revolucionario, se ha convertido en un reflejo del fracaso del sistema, donde la propaganda oficial ya no puede ocultar la cruda realidad de sus ciudadanos.




