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Roban moto adaptada a joven cubano con discapacidad
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Roban moto adaptada a joven cubano con discapacidad

22 min de lectura
Redacción LevántateCuba
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Dayan Sotolongo, residente en Centro Habana, perdió su único scooter eléctrico de cuatro ruedas, enviado desde el exterior con gran sacrificio. El caso expone la vulnerabilidad de personas con impedimento físico en medio de la ola de robos que azota la capital.

Dayan Sotolongo lanzó este domingo un llamado desesperado desde Centro Habana tras perder su scooter eléctrico de cuatro ruedas, el único medio de transporte que le permitía movilizarse de forma independiente por la capital cubana.

El joven denunció el robo a través de Facebook e historias de video, donde mostró fotografías del vehículo de color negro mate con doble faro delantero angular. Sotolongo explicó que el triciclo le había sido enviado por un amigo desde el exterior con gran esfuerzo económico, convirtiéndolo en un bien irreemplazable. "No es una moto igual de la de todas, es una moto de 4 gomas, que es para impedidos físicos", declaró visiblemente afectado en el video. Proporcionó su número de teléfono personal, 50781272, para que cualquiera que lo vea pueda contactarlo de inmediato.

Para Sotolongo, la pérdida representa mucho más que un robo material. "Eso es lo único que tengo, transporte para poder yo andar, para yo poder pasear, para poder andar por ahí", subrayó, resumiendo cómo el vehículo adaptado era su única herramienta de autonomía en una ciudad donde la infraestructura accesible es prácticamente inexistente. El joven cerró su súplica con una reflexión que resume la angustia de quien depende completamente de un bien que acaba de perder: "Fue mandado con mucho sacrificio, de la persona que me ayudó".

El caso de Sotolongo se inscribe en una realidad más amplia que afecta a toda persona con discapacidad física en Cuba. El acceso a vehículos adaptados no es un lujo sino una necesidad vital, y las opciones disponibles son extremadamente limitadas. Quienes logran obtener una moto adaptada deben recurrir a familiares o amigos en el exterior dispuestos a importarla con gran sacrificio económico, o enfrentar precios prohibitivos en divisas en un país donde el transporte público está en colapso. Para la mayoría, simplemente no hay alternativa.

Esta situación se agrava por la ola de robos de motos eléctricas que ha arrasado La Habana en los últimos meses. La severa crisis de transporte y energética que atraviesa Cuba ha disparado el valor de estos vehículos, convirtiéndolos en blanco frecuente de delincuentes. Los robos adoptan diversas modalidades: asaltos violentos en la vía pública, sustracciones dentro de viviendas en barrios como La Lisa, e incluso engaños coordinados a través de redes sociales dirigidos a universitarios. Ante la lentitud de respuesta de las autoridades, las víctimas recurren sistemáticamente a denuncias públicas en Facebook, ofreciendo recompensas que en casos anteriores han alcanzado hasta 200,000 pesos cubanos por información que conduzca a la recuperación del vehículo.

La vulnerabilidad de Sotolongo refleja una brecha más profunda en la sociedad cubana. Mientras la escasez de combustible y el colapso del transporte público obligan a millones de cubanos a caminar largas distancias o pagar tarifas elevadas para trasladarse, las personas con discapacidad física enfrentan una realidad aún más cruda: la pérdida de un vehículo adaptado no significa simplemente inconvenientes, sino la pérdida casi total de su capacidad para participar en la vida cotidiana. Sin acceso a transporte accesible, quedan confinadas a sus hogares, aisladas de oportunidades de empleo, educación y vida social.

En la diáspora cubana, especialmente en Miami, muchos familiares de personas con discapacidad en la isla han hecho enormes sacrificios económicos para enviar motos adaptadas, viendo en ellas una forma de devolverle dignidad y autonomía a sus seres queridos. Cada robo como el de Sotolongo no solo representa una pérdida material, sino una traición a esos esfuerzos y una confirmación de que en Cuba, incluso los bienes más esenciales para la supervivencia digna están bajo amenaza constante.

El número de teléfono de Sotolongo, 50781272, permanece disponible para cualquiera que tenga información sobre el paradero del scooter negro de cuatro ruedas. Pero más allá de este caso específico, la pregunta que queda flotando es más incómoda: ¿cuántas personas con discapacidad en Cuba han renunciado ya a la idea de tener autonomía, simplemente porque saben que cualquier bien que logren obtener puede desaparecer en cuestión de horas?

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