Funcionarios del Departamento de Estado viajaron a La Habana el viernes pasado para presentar al régimen cubano una propuesta sin precedentes: acceso a Starlink y alivio económico a cambio de elecciones libres, liberación de presos políticos y compensaciones por bienes confiscados desde 1959. La reunión se realizó con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y considerado por Washington como el portavoz de facto del histórico líder, quien mantiene el poder real pese a que Miguel Díaz-Canel ostenta la presidencia oficial.
La oferta de internet satelital representa un giro radical en la política de telecomunicaciones cubana, donde ETECSA mantiene monopolio hasta 2036 y el régimen ha tachado públicamente el uso de esa tecnología de agresión digital. Un funcionario senior del Departamento de Estado advirtió que la economía cubana está en caída libre, con una contracción acumulada del 23% desde 2019 y una proyección de caída del 7,2% del PIB para este año. La crisis se ha agravado por el corte del suministro de petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro y las sanciones energéticas estadounidenses.
Washington también expresó preocupaciones sobre la presencia de grupos de inteligencia extranjera, militares y de terror que operan con permiso del gobierno cubano a menos de 100 millas del territorio estadounidense. El mismo funcionario señaló que las élites gobernantes de la isla tienen una pequeña ventana para hacer reformas clave respaldadas por EE.UU. antes de que las circunstancias empeoren irreversiblemente. La administración Trump dejó clara su postura: está comprometida a buscar una solución diplomática si es posible, pero no permitirá que la isla colapse en una amenaza mayor para la seguridad nacional si los líderes cubanos no actúan.
La propuesta estadounidense incluye compensación a residentes y corporaciones cuyos bienes fueron confiscados tras la Revolución de 1959, garantías de mayores libertades políticas y la promesa de considerar el alivio del embargo si Cuba cumple esas condiciones. La oferta de Starlink es particularmente significativa porque rompe con décadas de restricciones de telecomunicaciones que el régimen ha utilizado para controlar el flujo de información. El acceso a internet satelital independiente del monopolio estatal permitiría a los cubanos conectarse sin depender de ETECSA, lo que representa una amenaza directa al control informativo del gobierno.
Para los cubanos dentro de la isla, esta negociación genera esperanza y escepticismo simultáneamente. Más de 1,000 presos políticos permanecen encarcelados, muchos desde las protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles salieron a las calles exigiendo libertad y cambio. La diáspora cubana en Miami y otras ciudades estadounidenses observa atentamente estas conversaciones, consciente de que cualquier avance en derechos políticos o liberación de opositores impactaría directamente a familias separadas por décadas. Sin embargo, la desconfianza hacia el régimen es profunda: promesas anteriores de reformas nunca se han materializado.
La iniciativa refleja un cambio en la estrategia de la administración Trump respecto a Cuba, priorizando negociación sobre confrontación directa, aunque sin abandonar presión sobre seguridad regional. Marco Rubio, Secretario de Estado desde enero de 2025, ha sido históricamente crítico con el régimen cubano, lo que sugiere que estas negociaciones cuentan con respaldo de la línea dura dentro del gobierno. La presencia de funcionarios de alto nivel en La Habana indica que Washington considera viable algún tipo de acuerdo, aunque las condiciones planteadas representan cambios estructurales que el régimen ha rechazado sistemáticamente.
La pregunta que resuena en La Habana, Miami y Washington es si el colapso económico cubano es suficiente incentivo para que el régimen negocie su propia transformación política, o si preferirá mantener el control a costa de una crisis humanitaria más profunda.




