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Wisin elogia el reparto de Dany Ome y Kevincito

25 min de lectura
Redacción LevántateCuba
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El gesto del reguetonero puertorriqueño volvió a poner bajo la lupa el alcance del reparto y la manera en que ese sonido ha ganado espacio fuera de Cuba. La reacción también expone cómo artistas del exilio y de la escena urbana cubana están empujando un género que ya dejó de ser marginal.

Wisin, uno de los nombres más conocidos del reguetón puertorriqueño, volvió a colocar al reparto cubano en el centro de la conversación musical al felicitar públicamente a Dany Ome y Kevincito El 13. Su comentario, breve pero directo, fue suficiente para alimentar el debate sobre hasta dónde ha llegado ese sonido nacido en los barrios de Cuba y qué significa que figuras consolidadas de la música latina lo reconozcan sin rodeos.

La declaración del artista puertorriqueño no solo funcionó como un espaldarazo para los intérpretes cubanos, sino también como una señal de que el reparto ya no puede ser tratado como una moda local ni como una corriente menor dentro de la música urbana. Para bien o para mal, el género ha crecido con una fuerza que le ha permitido salir de la isla, instalarse en plataformas digitales y entrar en el radar de artistas con una trayectoria mucho mayor.

Dany Ome y Kevincito El 13 forman parte de una nueva generación de exponentes que han llevado el reparto a audiencias más amplias, especialmente dentro de comunidades cubanas dentro y fuera del país. Su presencia en la escena responde a un fenómeno que se ha extendido en los últimos años: el avance de una música que mezcla calle, identidad y códigos propios de la vida cotidiana en Cuba, con un lenguaje que conecta con públicos jóvenes y con la diáspora.

El elogio de Wisin tiene peso precisamente por venir de alguien que conoce bien las dinámicas del mercado latino. El cantante ha sido durante años una referencia en el reguetón, un género que también nació en contextos periféricos antes de convertirse en una industria global. Que ahora destaque a artistas vinculados al reparto confirma que el fenómeno cubano dejó de circular únicamente entre oyentes locales y ya provoca lectura en otras plazas musicales.

En Cuba, el reparto ha crecido al margen de una industria cultural incapaz de acompañar el ritmo de lo que ocurre en la calle. Mientras el aparato oficial sigue atrapado en la censura, el control y la desconexión con la juventud, muchos de estos artistas se abren paso desde la autogestión, las redes sociales y la circulación informal de sus temas. Esa distancia entre el poder y la realidad cultural explica, en buena medida, por qué el género ha logrado tanta penetración.

La escena urbana cubana tampoco puede entenderse sin la presión de la migración. Buena parte de la difusión actual del reparto depende de la diáspora, que consume, comparte y en muchos casos impulsa el éxito de estos músicos desde Miami, Madrid, Texas o cualquier otra ciudad donde se haya asentado una comunidad cubana. El género viaja con la gente, y eso le da una capacidad de expansión que el oficialismo cultural nunca ha sabido leer.

La mención de Wisin a Dany Ome y Kevincito El 13 también refleja un cambio de fondo en la forma en que se reconoce el talento musical surgido en Cuba. Durante años, muchos exponentes del país fueron mirados desde la distancia o con prejuicio por la industria regional. Hoy, sin embargo, el reparto obliga a otros artistas a tomar posición: o lo descalifican sin conocerlo, o aceptan que ya forma parte del mapa sonoro latinoamericano.

Ese reconocimiento llega además en un momento en que el consumo cultural cubano está profundamente atravesado por la crisis interna. Con apagones, precariedad y una vida cotidiana marcada por la escasez, la música se ha convertido en una válvula de escape y en un vehículo de identidad. Para muchos jóvenes, el reparto expresa mejor que otros géneros el lenguaje, el humor, la frustración y la energía de una generación que no encuentra respuestas en las instituciones.

No es casual, entonces, que una felicitación de Wisin genere tanto ruido. En la práctica, cada validación externa fortalece la legitimidad de una escena que se ha construido a pulso, sin apoyo institucional y muchas veces contra la desconfianza de quienes pretenden decidir qué es música “seria” y qué no lo es. El reparto, justamente por eso, ha terminado convirtiéndose en una expresión cultural que incomoda a los burócratas y a la vez seduce a un público cada vez mayor.

El gesto del reguetonero puertorriqueño abre también una lectura sobre el momento que vive la música cubana fuera de los márgenes oficiales. Mientras el régimen intenta controlar narrativas y domesticar expresiones culturales, el talento real se abre paso por otros canales. Y en ese terreno, la validación de figuras como Wisin funciona como un amplificador que confirma lo que ya estaba ocurriendo: el reparto dejó de pedir permiso para existir.

A partir de ahora, la pregunta ya no es si el género merece atención, sino cuánto más puede crecer si continúa encontrando aliados dentro de la industria regional. Lo que sí parece claro es que Dany Ome y Kevincito El 13 se benefician de una ola más grande que ellos mismos, una ola en la que el reparto cubano sigue ganando espacio, identidad y proyección fuera de la isla.

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