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Cinco economistas desafían el modelo cubano
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Cinco economistas desafían el modelo cubano

26 min de lectura
Redacción LevántateCuba
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Mauricio De Miranda Parrondo, Pedro Monreal González, Omar Everleny Pérez Villanueva, Ricardo Torres Pérez y Pavel Vidal Alejandro presentaron el 20 de julio una propuesta para replantear la economía cubana. El texto cuestiona el modelo vigente y plantea una transición hacia una economía social de mercado con Estado democrático de Derecho.

Cinco economistas vinculados al proyecto Cuba Transformación presentaron este 20 de julio una propuesta que busca sacudir los cimientos del sistema económico cubano. Mauricio De Miranda Parrondo, Pedro Monreal González, Omar Everleny Pérez Villanueva, Ricardo Torres Pérez y Pavel Vidal Alejandro pusieron sobre la mesa un documento que plantea reemplazar el modelo vigente por una economía social de mercado sustentada en un Estado democrático de Derecho.

La iniciativa aparece en un momento en que la economía de la isla atraviesa una de sus etapas más frágiles en décadas. La inflación, la escasez de alimentos, el deterioro de los servicios básicos y la falta de divisas han profundizado la precariedad cotidiana de millones de cubanos. En ese escenario, cualquier propuesta de transformación adquiere una relevancia que va más allá del debate técnico: toca directamente el corazón de un sistema que ha mostrado incapacidad para producir bienestar de manera sostenida.

El valor político del documento no está solo en el diagnóstico, sino en la ruptura que propone con la arquitectura económica impuesta por el poder durante más de seis décadas. Los firmantes no se limitan a sugerir ajustes puntuales ni a pedir correcciones cosméticas. Su planteamiento apunta a una reconfiguración de fondo, con reglas de mercado, garantías institucionales y límites claros al control estatal sobre la vida económica.

Ese enfoque coloca sobre la mesa una discusión que el régimen ha intentado posponer o controlar cada vez que la crisis se agudiza. Durante años, las autoridades han prometido actualizaciones del modelo, rectificaciones, ordenamientos y reimpulsos que, en la práctica, no han resuelto los problemas estructurales. La economía cubana sigue atrapada en una combinación de centralización, baja productividad, falta de incentivos, trabas a la iniciativa privada y dependencia de decisiones políticas que no responden a criterios de eficiencia.

La propuesta de Cuba Transformación se inserta, además, en una tradición de advertencias formuladas desde la academia y la investigación económica sobre la necesidad de cambios más profundos. Varios de los firmantes tienen trayectoria reconocida en el análisis de la economía cubana, lo que da peso técnico al texto y dificulta reducirlo a una simple consigna política. Sus nombres, de hecho, son conocidos en el debate público por años de estudios, análisis y críticas a las distorsiones del sistema.

Mauricio De Miranda Parrondo, Pedro Monreal González, Omar Everleny Pérez Villanueva, Ricardo Torres Pérez y Pavel Vidal Alejandro representan una generación de economistas que ha insistido en que el problema cubano no es solo coyuntural. A su juicio, la crisis actual responde a fallas de diseño, a una concentración excesiva de poder económico y a la ausencia de instituciones capaces de garantizar reglas estables para producir, invertir y emprender.

El documento también introduce un componente institucional que resulta clave: sin Estado de Derecho no hay economía de mercado viable ni garantías para los actores económicos. Esa idea apunta a uno de los vacíos más profundos de Cuba, donde las decisiones económicas dependen de una estructura política cerrada, sin contrapesos efectivos, sin transparencia suficiente y con un marco legal subordinado a la voluntad del aparato gobernante.

En términos prácticos, la propuesta abre la discusión sobre propiedad, empresa, competencia, inversión y seguridad jurídica. También obliga a mirar la realidad de los hogares cubanos, que cargan con apagones, salarios insuficientes, mercados vacíos y una migración masiva que sigue vaciando al país de fuerza laboral y capital humano. Cuando la economía no ofrece horizontes, la salida termina siendo el éxodo o la resignación, dos síntomas del fracaso del modelo impuesto.

La presentación de esta propuesta ocurre, además, en un contexto regional donde otros países han demostrado que las reformas no solo necesitan voluntad política, sino reglas claras y un marco de libertades que proteja la iniciativa productiva. En Cuba, sin embargo, el poder ha preferido culpar a factores externos o a supuestos enemigos antes que reconocer que la raíz del problema está en su propia estructura económica y política.

Por eso, más que una declaración de intenciones, el texto puede leerse como una acusación implícita contra el andamiaje que ha gobernado la economía cubana desde 1959. Su sola existencia deja en evidencia que dentro y fuera de la isla persiste una demanda de cambio que ya no se conforma con parches ni consignas.

Lo que ocurra a partir de ahora dependerá menos del valor académico de la propuesta que de la disposición del poder a abrir espacio a una transformación real. Hasta el momento, la historia reciente muestra lo contrario: reformas incompletas, controles persistentes y una resistencia sistemática a perder privilegios. En ese marco, la presentación de Cuba Transformación funciona como un recordatorio incómodo de que la crisis cubana no se resolverá mientras siga intacto el modelo que la produce.

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