Durante un Pleno Extraordinario del Comité Provincial del Partido Comunista en La Habana, el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel afirmó que Cuba "tiene disposición para dialogar con el gobierno de Estados Unidos", aunque subrayó que dicho diálogo "no puede ser bajo presiones". Este mensaje marca un giro notable en su retórica, ya que en días anteriores había calificado a la administración de Donald Trump de "fascista, criminal y genocida".
Díaz-Canel, quien asumió el cargo en 2018, hizo estas declaraciones en un contexto de creciente presión internacional y un colapso energético en la isla. Según fuentes diplomáticas consultadas, este cambio de tono podría interpretarse como un intento de proyectar una imagen de disposición negociadora ante la crisis actual.
El gobernante cubano también denunció "la agresividad del imperio" y comparó a Trump con Hitler, manteniendo su habitual retórica antimperialista. Sin embargo, su reciente apertura al diálogo, aunque envuelta en un lenguaje de resistencia, sugiere que el régimen busca alternativas para aliviar la situación crítica que enfrenta.
A medida que la crisis energética se agrava, el aparato propagandístico cubano intenta presentar la situación como resultado exclusivo de las sanciones externas, ignorando factores internos como la gestión y la corrupción. Este discurso refleja la necesidad del régimen de encontrar "oxígeno político y económico" en un clima regional tenso, donde varios gobiernos han advertido sobre el deterioro acelerado de la situación en Cuba.
Fuentes
- CiberCuba




