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GAESA: la cortina de humo del régimen ante su colapso
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GAESA: la cortina de humo del régimen ante su colapso

17 min de lectura
Redacción LevántateCuba
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Mientras la dictadura presume que sus empresas militares financian hospitales, los cubanos siguen muriendo sin medicinas. Es el teatro de la desesperación de un régimen que confunde propaganda con legitimidad.

El régimen cubano acaba de descubrir la mejor arma contra sus fracasos: hablar de GAESA. La Grupo de Administración Empresarial S.A., el holding militar que controla desde hoteles hasta puertos, aparece ahora en la narrativa oficial como salvadora nacional, financiando hospitales y viviendas mientras Washington aprieta las sanciones. Es un acto de prestidigitación política tan evidente que solo funciona para quien ya decidió creer en él.

La tesis es simple pero reveladora: el régimen no responde a las sanciones con reformas económicas reales, sino con anuncios de caridad empresarial. Confunde comunicación con solución, y esa diferencia es precisamente donde vive el sufrimiento del pueblo cubano.

Históricamente, cada vez que la dictadura ha enfrentado presión internacional, ha recurrido al mismo mecanismo: crear la ilusión de que posee capacidad de respuesta mientras concentra aún más poder en estructuras militares. En los años noventa, tras la caída soviética, Fidel Castro militarizó la economía con la misma lógica: si no hay mercado, que haya control. Hoy, con GAESA financiando hospitales que siguen sin medicinas, el régimen repite el mismo guión con actores diferentes. No es innovación; es supervivencia mediante el espectáculo.

La realidad presente es brutal: Cuba lleva más de dos años con apagones diarios, hospitales que funcionan como museos de la precariedad, y una crisis de viviendas que no se resuelve con anuncios sino con inversión real en economía civil. GAESA es una empresa militar que genera ganancias para la cúpula castrista, no para el pueblo. Que financie un hospital aquí y viviendas allá es como si un ladrón donara una moneda después de robar una fortuna. El gesto no borra el crimen; lo confirma.

Las consecuencias de esta estrategia de propaganda son predecibles: mientras el régimen celebra sus anuncios de GAESA, la economía civil cubana se desmorona, los jóvenes emigran en balsas, y la clase media que aún existe se empobrece. El mensaje implícito es devastador: el Estado no puede mantener hospitales y viviendas con su propia capacidad, necesita que una empresa militar lo haga. Eso no es fortaleza; es admisión de quiebra institucional disfrazada de logro.

El régimen dirá que GAESA es prueba de que Cuba resiste, que posee empresas productivas, que no se doblega ante Washington. Falso. GAESA es prueba de que la dictadura solo confía en estructuras militares para sobrevivir, que la economía civil está tan destruida que necesita que los generales hagan el trabajo que debería hacer un Estado funcional. Las sanciones de Trump van dirigidas al régimen, no al pueblo. El régimen responde concentrando más poder en manos militares, que es exactamente lo que Trump quiere presionar. Es un círculo vicioso que la propaganda oficial intenta romper con comunicados sobre hospitales.

Al pueblo cubano le digo: no crean en los anuncios de GAESA. Crean en lo que ven: apagones, medicinas que no llegan, viviendas que se caen. El régimen tiene capacidad para hacer propaganda; lo que no tiene es capacidad para gobernar. Exijan que hospitales y viviendas sean financiados por una economía civil fuerte, no por las migajas que deja caer una empresa militar. Eso es lo que significa libertad económica. Eso es lo que significa dignidad.

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