El 20 de marzo de 2026, el Gobierno de Estados Unidos emitió una nueva licencia a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) que prohíbe el envío de petróleo ruso a Cuba. Esta medida se enmarca dentro de la estrategia de Washington para aumentar la presión sobre los aliados del Kremlin y fomentar cambios en regímenes considerados adversarios, como el cubano.
El documento oficial del Departamento del Tesoro establece que, aunque se permiten ciertas operaciones para la venta y entrega de petróleo ruso en tránsito, estas no pueden involucrar a países como Cuba. Esto implica un bloqueo efectivo de cualquier suministro de crudo hacia la isla, que ya enfrenta serias dificultades económicas y energéticas.
La exclusión de Cuba se produce en un contexto crítico, caracterizado por apagones prolongados y una infraestructura energética deteriorada. La escasez de combustible afecta tanto a la población como a los sectores productivos, lo que agrava la situación interna del país.
Con esta decisión, Estados Unidos busca limitar las fuentes externas de energía del régimen cubano, lo que podría aumentar la presión interna sobre el gobierno en un momento ya tenso. Alternativamente, Cuba podría recurrir a petróleo venezolano, siempre que las operaciones beneficien al sector privado y no a estructuras estatales o militares.
Además, la prohibición del uso de bancos cubanos para las transacciones de combustible impacta directamente en las mipymes, obligándolas a buscar alternativas de pago a través de bancos de terceros países. Esta situación complica aún más el acceso a recursos energéticos en la isla.
Fuentes
- CiberCuba




