Donald Trump ha anunciado una "toma amistosa y controlada" de Cuba, una declaración que, aunque carece de un plan específico, sugiere un enfoque estratégico más que bélico. En sus palabras, Cuba es presentada como "una nación fallida" que está atravesando una crisis y busca ayuda. Este contexto resalta la intención de EE.UU. de jugar un papel activo en la reconfiguración de la isla, utilizando el acceso a recursos energéticos como una herramienta de influencia.
La energía se perfila como la variable central de esta estrategia. Históricamente, EE.UU. ha restringido el acceso de Cuba a combustibles importados, mientras que ha flexibilizado algunas restricciones para facilitar el comercio con el sector privado cubano. La posibilidad de otorgar licencias selectivas para el suministro de combustibles y la creación de incentivos para actores económicos no estatales podrían ser parte de este enfoque.
Además, la mención de que el secretario de Estado, Marco Rubio, está llevando a cabo negociaciones de alto nivel con el régimen cubano indica que se está buscando un camino diplomático paralelo. Esto podría incluir gestos verificables y condiciones graduales que no se revelan públicamente, pero que apuntan a un cambio estructural en el control político y económico de Cuba.
Se plantea que si la estrategia de Trump sigue un modelo similar al propuesto para Venezuela, se podría establecer un esquema de fases: primero estabilizar la situación con control sobre recursos críticos, como el suministro de energía importada, para evitar un colapso desordenado. Luego, en una segunda fase, se realizaría una reconfiguración económica, donde se fomentaría la dependencia de Cuba en suministros y mecanismos vinculados a EE.UU.
El desafío principal será la resistencia del aparato estatal cubano, que no está dispuesto a ceder control sin oposición. También hay que considerar la competencia geopolítica, con Rusia, China e Irán como posibles contrapesos. La estrategia de Trump, aunque presenta un enfoque no bélico, podría generar un deterioro humanitario si no se maneja con cuidado.
En resumen, la "toma amistosa y controlada" implica una reconfiguración de la relación entre Estados Unidos y Cuba, donde el control energético y la diplomacia juegan papeles cruciales. Sin embargo, la ejecución de esta estrategia enfrenta obstáculos significativos y su efectividad a largo plazo sigue siendo incierta. ¿Estamos ante un nuevo capítulo en las relaciones entre ambos países o simplemente más de lo mismo en un ciclo interminable de promesas y esperanzas frustradas?




