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Dólar y euro cierran sin cambios en Cuba
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Dólar y euro cierran sin cambios en Cuba

22 min de lectura
Redacción LevántateCuba
Mercado informalDólarEuroCubaInflación
La jornada del mercado informal dejó otra señal de inmovilidad en una economía golpeada por la escasez, la inflación y la falta de referencias oficiales confiables. Para el cubano de a pie, cada cierre estable confirma que el problema de fondo no está en la tasa del día, sino en un sistema incapaz de ofrecer una moneda funcional.

El mercado informal de divisas en Cuba cerró la jornada con el dólar y el euro estables, una foto que, aunque parezca rutinaria, revela la profundidad del deterioro económico del país. En una plaza donde el valor de la moneda extranjera se ha convertido en referencia para casi cualquier transacción relevante, la ausencia de cambios no significa alivio; más bien confirma que el sistema sigue atrapado en el mismo punto muerto.

La estabilidad de este tipo de cotizaciones no debe leerse como una señal de normalidad. En Cuba, el mercado informal funciona como termómetro de una economía desordenada, donde los salarios estatales han perdido capacidad de compra, los precios se reajustan con rapidez y el acceso a divisas depende más de redes privadas que de canales institucionales. Que el dólar y el euro terminen el día sin variación solo indica que, por ahora, la tensión no se movió, pero no que se haya resuelto.

Durante años, la economía cubana ha operado bajo una contradicción permanente: el Gobierno insiste en controlar la política cambiaria, pero no consigue imponer una tasa creíble ni abastecer de manera estable el mercado formal. Esa grieta abrió espacio al mercado negro, que hoy marca el pulso real de la calle. Allí, los cubanos calculan el costo de la comida, la medicina, el transporte y hasta el alquiler en función de monedas que el régimen no logra dominar.

La moneda nacional sigue deteriorándose en medio de un escenario en el que la producción interna es insuficiente, las importaciones están limitadas y la oferta estatal no cubre la demanda. La consecuencia es una dependencia creciente de las remesas, de los envíos desde el exterior y de cualquier operación que involucre divisas. En ese contexto, la estabilidad diaria del dólar o el euro no borra la fragilidad estructural: apenas la deja expuesta con menos ruido.

La falta de transparencia oficial también alimenta la especulación. Sin un mercado cambiario eficiente, sin información clara y sin medidas económicas coherentes, los cubanos deben orientarse por publicaciones informales, grupos de mensajería y referencias que cambian según la presión de la demanda. Eso convierte cada jornada en una especie de subasta silenciosa, donde la incertidumbre pesa tanto como el precio.

El régimen cubano ha intentado durante años proyectar control sobre una situación que no controla. Anunció reformas, ajustes y supuestas correcciones que nunca lograron estabilizar la economía real. Mientras tanto, la población enfrenta un deterioro constante del poder adquisitivo, escasez de productos básicos y una dolarización de facto que contradice el discurso oficial. La estabilidad del mercado informal en un día específico no cambia ese panorama; solo lo confirma.

La dependencia del dólar y del euro se ha profundizado porque el cubano común ya no puede confiar en el peso como resguardo de valor. Quien recibe remesas las protege en divisas, quien vende algún bien intenta referenciarlo en moneda extranjera y quien necesita abastecerse compara precios en una tasa que no aparece en los canales estatales. Esa realidad habla de una economía fracturada, donde la moneda nacional quedó relegada a un papel cada vez más decorativo.

El impacto para la vida cotidiana es inmediato. Cuando la tasa informal no baja, el costo de la subsistencia tampoco da tregua. Y cuando se mantiene estable en niveles altos, la señal para la mayoría es la misma: seguirán caros los alimentos, el transporte privado, los medicamentos adquiridos por vías informales y buena parte de los servicios que sostienen la vida diaria. La aparente calma del mercado no se traduce en alivio para las familias.

En cualquier economía funcional, el cierre estable de una divisa no sería noticia. En Cuba, sí lo es, porque cada variación, por mínima que sea, se interpreta como un síntoma de la inestabilidad general. El problema de fondo no es que el dólar o el euro terminen una jornada sin moverse. El problema es que la economía cubana quedó atrapada en una dependencia crónica de mercados paralelos que el régimen no ha sabido sustituir ni regular con credibilidad.

Mientras el Gobierno siga sin ofrecer soluciones reales para la producción, el abastecimiento y la confianza monetaria, el mercado informal continuará marcando la pauta. Y cada jornada cerrada sin cambios seguirá diciendo lo mismo: la crisis no se detiene, solo cambia de forma.

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