Cubadeportes S.A. lanzó el sábado una convocatoria pública en Facebook para que marcas nacionales y extranjeras se anuncien en el Estadio Latinoamericano de La Habana, el recinto beisbolero más emblemático de Cuba con capacidad para 55,000 espectadores, en un giro histórico que rompe con ocho décadas de prohibición de publicidad comercial en el Coloso del Cerro.
La campaña promete a los anunciantes "impacto internacional garantizado: cada partido es una oportunidad para que tu marca viaje más allá de nuestras fronteras". Los interesados pueden contactar directamente a representantes de Cubadeportes mediante números de teléfono publicados en la convocatoria. Este movimiento no es espontáneo. La Ley 179 del Sistema Deportivo Cubano, aprobada en julio de 2025 y vigente desde el 13 de mayo de 2026, formalizó por primera vez la publicidad y el patrocinio en el deporte de la isla, abriendo las puertas a actores privados nacionales y extranjeros.
Karel Luis Pachot Zambrana, director jurídico del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder), reconoció que hasta ahora estas prácticas se realizaban "de forma excepcional" sin marco legal claro. El funcionario subrayó que "la condición de nacional o extranjero no limita la posibilidad de participar en acciones de patrocinio dentro del deporte en la isla". La Resolución 108/2025 del Inder fija las normas y procedimientos para ejercer publicidad y patrocinio, mientras que la Resolución 41/2025 regula el proceso de autorización de contratos según el nivel del evento.
Esta apertura no ocurre en el vacío. En noviembre de 2025, Cubadeportes lanzó un plan de patrocinio para la 64ª Serie Nacional con cuatro niveles comerciales cuyos precios oscilaban entre 13,125,000 y 71,250,000 pesos cubanos. El 14 de abril de 2026, la Federación Cubana de Pentatlón Moderno firmó el primer contrato de patrocinio entre una entidad deportiva cubana y una empresa privada nacional, la marca Venko, dedicada al diseño y confección de prendas técnicas deportivas. Estos antecedentes muestran una estrategia sistemática del régimen para monetizar el deporte.
La urgencia detrás de esta transformación es económica y brutal. El PIB cubano cayó 5% en 2025 y acumuló una contracción de 15% desde 2020. El propio Inder suspendió competencias en múltiples disciplinas por falta de combustible. El régimen enfrenta una hemorragia de divisas que lo obliga a sacrificar símbolos ideológicos que durante décadas fueron intocables. El Estadio Latinoamericano, inaugurado el 26 de octubre de 1946 como Gran Stadium de La Habana y rebautizado en 1961 tras la eliminación del profesionalismo, se convirtió en emblema del deporte revolucionario sin fines de lucro. Permitir que marcas extranjeras se anuncien en sus graderías representa una capitulación ideológica sin precedentes.
Para los cubanos dentro de la isla, esta apertura es un símbolo más del colapso del modelo. Mientras el régimen busca patrocinadores extranjeros para mantener vivo un estadio que apenas funciona por falta de recursos, millones de ciudadanos enfrentan apagones diarios, escasez de alimentos y medicinas. La ironía es cortante: el Coloso del Cerro, que durante 65 años fue un espacio donde el régimen celebraba su victoria sobre el profesionalismo capitalista, ahora depende de ese mismo capitalismo para sobrevivir. Para la diáspora cubana, especialmente en Miami, esta medida confirma lo que siempre supo: que el socialismo cubano es un fracaso económico que solo se mantiene en pie mediante la represión y ahora, mediante la venta de su propia historia.
La apertura del deporte cubano al patrocinio extranjero representa uno de los cambios simbólicos más profundos en la historia del régimen socialista, impulsado no por convicción ideológica sino por la urgencia de captar divisas ante el colapso económico. Cuando un sistema revolucionario debe vender publicidad en sus monumentos deportivos para sobrevivir, la pregunta que queda es inevitable: ¿cuánto tiempo le queda antes de que no haya nada más que vender?




