El escritor Fernández Pequeño ha realizado una declaración que busca ilustrar la magnitud de lo que considera criminalidad estatal en Cuba, comparando el régimen con estructuras criminales históricamente conocidas. Según sus palabras, "los de la mafia siciliana son unos infelices comparados con el régimen cubano", una afirmación que refleja la perspectiva de sectores del exilio y la disidencia cubana sobre la naturaleza del gobierno de Miguel Díaz-Canel.
La declaración del escritor se inscribe en un contexto donde activistas, intelectuales y ciudadanos cubanos han intensificado sus críticas públicas contra las autoridades. Fernández Pequeño utiliza una hipérbole comparativa para señalar lo que denuncia como prácticas represivas sistemáticas, corrupción institucionalizada y control totalitario que, en su perspectiva, superan en alcance y brutalidad los métodos de organizaciones criminales tradicionales.
Esta comparación no es nueva en el discurso de la disidencia cubana. Desde hace años, analistas, periodistas y activistas han documentado lo que describen como estructuras de represión que incluyen vigilancia masiva, detenciones arbitrarias, torturas psicológicas y control absoluto de recursos. La crisis energética que ha azotado la isla durante más de dos años, con apagones diarios que afectan a millones de cubanos, ha intensificado estas críticas. Mientras el régimen mantiene su narrativa oficial, ciudadanos dentro y fuera de Cuba reportan un deterioro acelerado de servicios básicos y libertades fundamentales.
La declaración de Fernández Pequeño refleja también la frustración de intelectuales cubanos que ven en el gobierno una estructura que, a diferencia de organizaciones criminales convencionales, posee el monopolio estatal de la violencia, control total de medios de comunicación y capacidad para perseguir a disidentes sin límites legales. Con más de mil presos políticos reportados actualmente en cárceles cubanas, según denuncias de organizaciones de derechos humanos, la represión ha alcanzado niveles que generan comparaciones de este tipo entre sectores de la oposición.
Para cubanos dentro de la isla, estas declaraciones de intelectuales en el exilio representan una validación de sus experiencias cotidianas de represión y escasez. Muchos ciudadanos viven bajo vigilancia constante, enfrentan represalias por expresar opiniones políticas y carecen de acceso a información independiente. La diáspora cubana, particularmente concentrada en Miami, ha mantenido una postura crítica sostenida contra el régimen, utilizando plataformas públicas para denunciar lo que describe como crímenes de lesa humanidad.
A nivel internacional, estas declaraciones llegan en un momento donde la administración Trump, con Marco Rubio como Secretario de Estado desde enero de 2025, ha adoptado una postura más confrontacional hacia La Habana. Las sanciones estadounidenses contra el régimen cubano continúan siendo un punto de tensión diplomática, aunque el gobierno de Díaz-Canel las utiliza como justificación para sus fracasos económicos, según analistas.
La comparación de Fernández Pequeño plantea una pregunta incómoda para el régimen: ¿cuál es la diferencia fundamental entre una estructura criminal que opera en las sombras y un gobierno que ejerce represión sistemática con la legitimidad aparente del Estado? Para disidentes y activistas cubanos, la respuesta es que no la hay, solo que uno tiene más poder y menos límites que el otro.




