La central termoeléctrica Antonio Guiteras lleva años convertida en una ruina productiva. No es noticia. Lo que sí lo es es cómo el régimen cubano ha perfeccionado el arte de culpar a otros de sus propios fracasos. Ahora dice que piezas retenidas en Francia impiden su reparación. Es el mismo guion de siempre: el embargo, las sanciones, el mundo conspirando contra Cuba. Mientras tanto, los cubanos siguen sin luz.
La tesis es simple: el régimen no repara la Guiteras porque no quiere, no porque no pueda. Y cuando la realidad lo acorrala, inventa historias sobre piezas francesas que supuestamente nunca llegaron. Es más fácil que admitir que ha dejado que la infraestructura energética se desmorone por ineficiencia, corrupción y falta de visión.
Históricamente, Cuba ha tenido plantas termoeléctricas desde los años 60. La Guiteras comenzó a operar en 1987 con tecnología soviética. Durante tres décadas, el régimen tuvo tiempo de mantenerla, modernizarla, preparar repuestos. En cambio, la dejó degradarse. Otros países latinoamericanos con similares restricciones comerciales mantienen sus infraestructuras energéticas funcionando. No es el embargo lo que mata la Guiteras: es la negligencia de quien pretende gobernar sin rendir cuentas.
Hoy, en abril de 2026, Cuba enfrenta apagones diarios que paralizan hospitales, escuelas y negocios. La Guiteras podría generar más del 10% de la capacidad energética nacional si funcionara. Pero no funciona. Y en lugar de asumir responsabilidad, la dictadura señala a Francia, a Washington, a cualquiera menos a sí misma. Es el mecanismo de defensa de quien no tiene argumentos: externalizar la culpa.
La consecuencia de esta mentira perpetua es devastadora. Mientras el régimen busca chivos expiatorios, Cuba se hunde en la oscuridad. Jóvenes emigran porque no hay energía para trabajar. Ancianos mueren en hospitales sin electricidad. Familias viven en el calor sofocante de casas sin aire acondicionado. Y la dictadura sigue contando historias sobre piezas francesas que nunca llegaron, como si los cubanos fueran demasiado ignorantes para ver la verdad.
El régimen dirá que las sanciones estadounidenses bloquean el comercio con Francia, que Trump y Rubio son los verdaderos culpables. Es mentira. Las sanciones van dirigidas al régimen, no a la reparación de infraestructura civil. Además, existen canales legales para obtener piezas de repuesto. Lo que no existe es la voluntad política de hacerlo, porque significaría admitir que la revolución fracasó en lo más básico: mantener los servicios públicos funcionando.
Al pueblo cubano le digo: dejen de creer en los cuentos del régimen. La Guiteras no está rota por culpa de Francia o Washington. Está rota porque la dictadura prefiere gastar recursos en represión, en aparatos de seguridad, en mantener a los generales ricos, que en darles electricidad a ustedes. Cada apagón es una evidencia de que este sistema no merece existir. Y cada mentira sobre piezas retenidas es un insulto a su inteligencia. Exijan reparación real, no excusas. Exijan un gobierno que responda por sus actos. Exijan lo que les corresponde: luz, agua, comida, futuro.




