Santiago de Cuba vivió recientemente jornadas de protesta callejera con cacerolazos simultáneos en los barrios de Micro 3 y El Salao, mientras ciudadanos quemaban gomas en las vías y la policía desplegaba efectivos y boinas negras para contener la movilización.
Los disturbios se concentraron en dos zonas de alta densidad poblacional de la ciudad oriental. En Micro 3 y El Salao, residentes salieron a las calles con cacerolas golpeando en señal de protesta, un método de resistencia que ha ganado visibilidad en Cuba desde las movilizaciones del 11 de julio de 2021. La quema de gomas en las vías bloqueó parcialmente la circulación y amplificó la visibilidad de las demandas ciudadanas en una ciudad que históricamente ha sido epicentro de cambios políticos en la isla.
La respuesta estatal fue inmediata. Efectivos de la Policía Nacional Revolucionaria y unidades de boinas negras —fuerzas de seguridad especializadas en control de multitudes— se desplegaron en ambas zonas para dispersar a los manifestantes. Según reportes de residentes, la presencia policial fue masiva, aunque no se han confirmado detenciones masivas ni enfrentamientos violentos de gran escala en las primeras horas.
Santiago de Cuba, con más de 400,000 habitantes, es la segunda ciudad más poblada de la isla y ha sido históricamente un termómetro del descontento social. La ciudad fue cuna de la Revolución de 1959 y ha protagonizado momentos críticos de resistencia ciudadana. Que las protestas resurjan precisamente en Santiago refleja la extensión del malestar más allá de La Habana, donde las manifestaciones del 11J marcaron un antes y después en la capacidad de movilización ciudadana contra el régimen.
El contexto de estas protestas es la crisis energética que lleva más de dos años azotando a Cuba, con apagones diarios que afectan servicios básicos, agua potable y economía doméstica. Activistas denuncian que el régimen ha intensificado la represión contra cualquier forma de disidencia, manteniendo más de 1,000 presos políticos en cárceles cubanas. La combinación de colapso económico y represión ha generado un ambiente de tensión permanente en ciudades como Santiago.
Para la diáspora cubana en Miami y otras ciudades estadounidenses, estas imágenes de resistencia en la calle representan un símbolo de que el deseo de cambio persiste dentro de la isla, a pesar de la represión. Familiares de cubanos en el exilio han compartido videos y reportes de las protestas en redes sociales, amplificando el alcance de lo que ocurre en Santiago más allá de las fronteras de Cuba.
La administración Trump, a través del Secretario de Estado Marco Rubio, ha mantenido una postura de presión máxima contra el régimen cubano, argumentando que las sanciones van dirigidas a los líderes y no al pueblo. Estos eventos de protesta ciudadana son utilizados por Washington como evidencia de que el descontento interno es real y que la presión internacional complementa la resistencia doméstica.
Lo que ocurre en las calles de Santiago plantea una pregunta incómoda para el régimen: ¿cuánto tiempo más puede mantener el control cuando ciudadanos en la segunda ciudad más importante de la isla se atreven a salir a protestar abiertamente, sabiendo el costo represivo que ello conlleva?




